lunes, 21 de octubre de 2013
Mentales
viernes, 28 de junio de 2013
Cuéntame cosas tuyas.
sábado, 13 de abril de 2013
Faded nail marks on pale tighs.
viernes, 9 de noviembre de 2012
Cualquiera.
Liz sonrió. Quitó un mechón de cabello que cubría la cara del hombre. Se veía tan relajado, tan feliz. Ella deseó que él pudiera abrir los ojos, sólo para poder verlos de nuevo. Negros, grandes y penetrantes. Eran realmente hermosos y eran realmente lo que habían enamorado a Liz. Pidió en voz baja a todas las deidades que conocía que él abriera los ojos, aunque fuera una sola vez más antes de que ella se terminara de vestir y saliera de aquel cuarto de aquel hotel de mala muerte, del centro de la ciudad. Desafortunadamente, como todos los rezos que se les hacen a los dioses, no fue escuchado. Liz se colocó su abrigo negro, se miró en el espejo, se acomodó las gafas y abrió la muerta.
Antes de salir completamente, miró una vez más al hombre. La comisura de sus labios se elevó sólo un poco, suspiró y pensó "Realmente desearía no haberte matado a ti también....". Cerró la puerta y se dirigió al elevador.
viernes, 19 de octubre de 2012
La visita
lunes, 1 de octubre de 2012
Amanjes
domingo, 2 de septiembre de 2012
Lonely.
miércoles, 25 de abril de 2012
Son preciosos nuestros besos.
viernes, 20 de abril de 2012
Mi amor de largos brazos
miércoles, 15 de febrero de 2012
Entiendes?
viernes, 6 de enero de 2012
Piedras y guisantes.
sábado, 24 de diciembre de 2011
Par
lunes, 15 de agosto de 2011
Intento...
lunes, 11 de julio de 2011
Tu sonrisa.
martes, 21 de junio de 2011
A ti.
jueves, 9 de junio de 2011
Los puntitos ¿jugamos?
Sentí su voz anestesiada, no, no la de ella, no, era mi voz interior, es que ni eso se merecía. Sus gritos se convirtieron en un chorro a presión de algo caliente que manchaba mi habitación. Era pegajosa, pero se secaba rápido, aunque no tan rápido como el movimiento de las manos, cortando arriba y abajo. Era un movimiento decadente. No, no me siento mal, se lo merecía, si ya lo sé, pero no me importa, ya cállate y déjame en paz.
Aun podía verme, sé que si lo hacía, sus ojos se habían puesto más grandes, ahora podría ver al menos algo blanco y semi – puro en su interior, era su cristalino, jamás había visto ni un gesto de su bondad hasta ese momento, pero ya era tarde. A partir de este punto ya no había vuelta atrás, su garganta ya se había despegado, su lengua colgaba y aunque intentaba gritar ya no podía, pero era mejor, ya no quería seguir oyendo sus putos sonidos huecos, oscuros y sin valor.
Terminé con la garganta y aunque mi primer impulso fue irme hacía su hermoso rostro, me reprimí, igual como lo había hecho antes, igual que como lo había hecho todo el tiempo que estuve a su lado, me reprimí. Me reprimí pero esta vez no paré, no, esta vez sí me lo iba a pasar muy bien, si antes no se había dejado de gritarme que era un puto amargado, ahora si lo haría. Pero dejé su rostro, algo mejor le esperaba cuando todo estuviera terminado.
Le dejé caer al suelo, ya no me importaba más, incluso le empuje con ambas manos, es que ya no podría dejarle esperar, que llegara rápido al suelo era mi única obsesión. Su cabeza casi se desprende del resto de su cuerpo, creo que me había pasado un poco en la garganta, pero que me importa.
Una vez en el suelo me le fui encima, abrí mis piernas y me recosté sobre su vientre, descargue mi ira entonces, la mano derecha ya dolía de tanto subir y bajar el cuchillo, así que cambié de mano, la izquierda no era tan ágil como la mano derecha, pero el objetivo era el mismo, además la derecha ya no podía más. Si había que castigar a alguien no era a mí. Metí y saqué tantas veces el cuchillo que su pecho parecía una hoja lista para jugar timbiriche. La mano derecha contra la mano izquierda. El yo de ayer contra el yo de ahora. Lástima para la derecha, la izquierda ganó. La hoja del juego ya estaba usada, había que continuar en otra parte de ese cuaderno que tenía en el suelo. La mano derecha quería la revancha, yo le dije que no jodiera, ya había sido mucho, aquello ya estaba lleno de hoyos. Pero tienes más hojas me dijo la derecha, entonces miré su brazo izquierdo, tienes razón pensé. El brazo era algo mucho más pequeño, así que fui por un cuchillo mucho más delgado, me arrodille a su derecha y comencé a clavar, a meter y sacar la hoja (cuchilla) llena de sangre. Ya me había fastidiado tanto líquido pegajoso, pero aun así le seguí, la mano derecha merecía su revancha. Terminamos otra hoja lista para jugar timbiriche, pero esta era más pequeña, más delgada, pero aun así jugamos. Esta vez la derecha ganó, quince a diez habían quedado al final. La izquierda inmediatamente replicó y me hizo saber que esto se tenía que solucionar, si no nos vamos a un dos de tres me voy, me dijo y le dije que si era estúpida, cómo se iba a separar de mí y me señalo a la derecha, la cual no tenía reparo de deshacerse de su gemela con tal de quedarse sola conmigo, eres una maldita puta le contesté, pero tenía razón, estaba en sus manos. Así que pensé ahora en donde podíamos volver a jugar timbiriche, la izquierda me señalaba algo, cuando levante la mirada me di cuenta, vi su pierna izquierda. Ya estaba cansado de estar hincado picando y jugando, así que decidí llevarme la pierna hasta la mesa, pero me dio una extrema pereza cargar con todo el cuerpo, así que salí de la habitación y busqué mi hacha. La encontré detrás de unos de mis libros favoritos, aún estaba ahí la nota de compra, aparté la nota y tomé el hacha.
Regresé a la habitación y contemple la hermosura que tenía delante de mío. Aquello me hipnotizaba, me gustaba, me encantaba. Me volví a sentar sobre su vientre pero esta vez mirando a hacía sus pies y comencé. Una, dos, tres, cuatro, cinco veces dejando caer con ira y felicidad el hacha sobre su pierna, no recuerdo cuantas veces lo hice, pero al final lo logré, tenía una pierna para mí solo. La subí a la mesa, pero esta vez antes de dejar la hoja lista para el juego, hable con las manos, muy seriamente les dije que esta sería la última, el que ganara de aquí ganaba de una sola vez. La ansiedad de saber cuáles de las dos ganaría las hizo trabajar con mucho ímpetu y empeño, recuerdo que no tardamos mucho, pero cuando terminamos, teníamos una linda hoja lista para jugar. Ahora si les volví a decir a las manos, está es la última, que gane el mejor. La derecha cada vez hundía con más fuerza el cuchillo y desgarraba más groseramente la pierna, y como no, si iba perdiendo. Al fin el juego terminó. Diecinueve a dieciocho. Ganó la izquierda.
La derecha herida y enojada pidió desahogarse con algo, claro, no te reprimas le dije y sin más miramientos me llevó hasta la rostro. Una vez estando ahí comenzó a pasar sus dedos sobre los labios del cuerpo que estaba en suelo, recorrió el corazón que formaban estos, acarició las comisuras, y roso con suavidad las mejillas, cerró los ojos y volvió a acariciar el rostro por completo. La ternura que sentí fue indescriptible, así que en un arrebato de mis emociones, me arrodillé y acerqué mi cuchillo a sus labios, posé el frío metal sobre ellos hasta llevarlos a la temperatura de la hoja de la cuchilla, retiré el cuchillo y posé mis labios, le besé con ternura, quizás un poco de amor pero con mucha felicidad.
Aquella noche, no solo ganó mi mano izquierda, también lo hizo mi yo de ahora, el otro debe estar desmembrado y con una pierna sobre la mesa. No cabe duda que aquella noche me divertí y terminé con Soledad, sí, con MI soledad.
martes, 31 de mayo de 2011
Dolor.
martes, 24 de mayo de 2011
Proteingreidas.
se acumulan formando vida y enfermedad,
gritonas se arrebatan cuando las crea el DNA,
se creen las rubias de la ciudad.
Son las amigas de mis padres,
y las culpables de que ellos no me recuerden más.
Un alemán se los robó en un potro blanco
como siempre lo soñó mamá.
Engreídas colman mi paciencia,
siempre persiguiendo su puto carbón final.
Burlonas e imperiosas,
pero bellas, qué más da.
Cada noche bailan buscando pareja,
aunque de monógamas no tengan nada,
como musulmanes tienen chulos a reventar.
Engreídas colman mi paciencia,
siempre persiguiendo su puto carbón final.
Burlonas e imperiosas,
pero bellas, qué mas da.
domingo, 22 de mayo de 2011
¿Frío o calor?
Dos, tres, cuatro, cinco… cuarenta y tres, cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco… cincuenta y ocho, cincuenta y nueve… de nuevo la manecilla le ha dado la vuelta al mundo, mientras yo, sigo aquí sentado en el sofá: café, sombrío y amargado, porque yo no nunca fui el amargado, siempre lo fue el sofá; por ósmosis no se aprende, pero vaya que si se transmiten: la tristeza, la amargura, la depresión o en mi caso el ser un amargado. ¿No era eso lo que siempre decías, que era un amargado y sin amigos? Bueno, pues hoy te voy a demostrar que no, tomaré la primer llamada que se acerque a mi celular y le diré que si, no me importa si es para cobrarme aquel anillo que ya presumes y no he podido pagar, no me importa, a quien quiera que sea, le invitaré a cenar, así sea: comida, piel, ciencia, filosofía o sólo una buena plática, lo que sea será bueno hoy.
Ah ¿tú también?, ¿es que ni mis cosas me quieren ayudar? Vaya, pero que jodido estoy, ni una llamada que irrumpa con el tenue sonido de mis ojos al parpadear. Pues bien, que le vamos a hacer, no me queda más que seguir aquí sentado, viendo como el azul se va transformando en naranja y después en oscuridad.
Claro, yo siempre estaba después; ¡ah!, que Mayra, siempre tan oportuna, en verdad, el mundo nunca sabrá cuanto le quiero. O quizás sí, el amor tiene formas misteriosas de manifestarse, a no, ese es dios, bueno no importa, los que dicen esa frase, también dicen que dios es amor, así que no hay error en mi afirmación. En estos momentos se me ocurre una excelente idea de manifestarle mi amor a Mayra. A ver Mayra, que te gusta más, el calor que penetre tus pies y te haga derretir de amor, calentando tu corazón o el frío refrescante del metal en tu yugular, dime, anda, que prefieres Mayra, que ya no aguanto las ganas de demostrarte mi amor. O mejor ya sé, para que decidirse, las decisiones siempre son difíciles, mejor hagamos las dos. ¿Que no te gusta? Hay cuanto lo siento, es que así disfruto yo de demostrarte mi amor.
¡Ya voy!, ¡ya voy! Mierda, tan feliz que era imaginándome a Mayra eufórica por cómo le demuestro mi amor, que no me di cuenta del paso del tiempo, y al parecer a la que siempre espero se digno a llegar. Pero que bonitas horas de… /Que me traje a Mayra, es que no tenía planes y pues, la invité a ir con nosotros, ¿no hay problema verdad?/ ¿Qué si no hay problema? Pues claro que no, yo soy el dios de la paciencia y hoy, aparte de dios soy genio, así que tú sólo pide y te cumplo. /
/Mira, te presento a Mayra. / Pero Mayra mírate, no creí que a tu cuerpo también le afectara la erosión, que bellezas que da la naturaleza eh, solo falta que aparezca la luna, para tener una escena como esas de las caricaturas del oeste, donde de entre dos cerros va naciendo el conejo. / Que te presento a Mayra, me estas escuchando o no,/ perdón, perdón, si claro, es que me quedé pensando. Perdón Mayra, mucho gusto. Por cierto una pregunta, tú qué prefieres ¿el frío o el calor? ¿Y, a ti corazón? Es que aún no me puedo decidir.