sábado, 24 de diciembre de 2011

Par


Parten, todos parten,
ahora o adelante, pero todos parten.
tus mejillas rosadas, tus ojos siempre fieles a tus sentimientos,
no dan piedad a mi corazón,
no quiero verte llorar así.

Después serás tú, después seré yo,
vamos hacia adelante.
Las sonrisas, las escenas, las comidas,
todas quedan en el centro del pecho,
pero los sentimientos, la amistad, esa va más adentro.

Mis ojos miran tu pesar,
sabemos el por que,
las despedidas jamás nos sentaron bien.

Pero no nos despidamos, se volverán a ver.
Así como ahora yo veo tu rostro,
Este rostro que se parece más al de un niño que no encuentra la mano de su hermano,
que al rostro de un hombre que de pie,
mira el avión alejarse de él.

lunes, 15 de agosto de 2011

Intento...

Querido, que si ya volviste.
Si, ya, pero espérame, que me tengo que ir.
¿Otra vez?
Lo siento, pero ya regreso, no me tardo.
Hace frío, afuera están muriendo de calor, cincuenta grados al parecer, supongo que el año que vienen será peor, no lo sé, yo mientras aquí me muero de frío, y ¿por qué? Simple, porque a Miguel se le ha ocurrido bajar la temperatura hasta casi los 15 grados, insisto en que es una barbaridad, pero hazlo entender, es más fácil que yo vaya y saque la chaqueta guardada por el verano, a que Miguel me entienda que la temperatura es demasiado baja.
Ya llevo quince minutos aquí esperando y nada de que regrese, a veces me desespera el hecho de que me tenga esperando aquí, no me gusta esperar, supongo que a nadie le gusta hacerlo, o ¿habrá a alguien que si?, a mí no, y estoy seguro de que a él tampoco.
Miguel camina lento, el calor lo deshace, como a cantaros sale sudor de su cuerpo, cada paso se hace más pesado que el otro, cada movimiento se vuelve más fastidioso y asfixiante que el anterior. Camina solo hacia la cocina, camina y en el camino su cuerpo se va perdiendo, hasta que al mirar hacia el pasillo, él había desparecido.
Pues que tanto está haciendo que no regresa, me caga que me tengan esperando, no lo soporto, me doy vueltas en el sofá, enciendo y apago el televisor, cambio el canal y nada, cuando algo me desespera ya no hay nada que lo pueda calmar hasta que no me deshaga de ello. Y sigue sin aparecer. Mi ritmo cardiaco se altera, mi calor también lo hace, tengo que quitarme la chaqueta porque ahora lo que no soporto es el calor, mis ojos se abren y corre más sangre por mis piernas y brazos. ¡Maldición, no regresa!
Miguel no regresa. Ya casi es una hora, ya me fastidie de esperar, voy a salir. Me pongo los zapatos y camino hacia la puerta. Llegar a aquella puerta me provoca un nudo en la garganta, siento un mareo y pienso en volver, pero el enojo puede más conmigo. Abro y siento como una brisa me saluda diciéndome: “hola, estás en el infierno”, el rostro me arde, en general mi piel siente el cambios y mis ojos no se pueden abrir. Motivado por el enojo sigo adelante, le patio está solo, camino hacia la cocina y lo mismo, sola, voy hacia la sala y nada cambia, me han dejado solo. Abro la puerta de la calle y ya familiarizado con la tierna temperatura no la tomo en cuenta y salgo, en la calle nadie, un sentimiento de ser el único hombre en la tierra ataca mi cerebro, pero lo desecho, eso es una tontería.
Motivado por el enojo convertido ahora en angustia camino hacia la casa de los demás, sigo estando solo. De pronto comienzo a ver como la luna se asoma y me hace una sonrisa, inexplicablemente la noche se acerca, no entiendo, pero tampoco lo cuestiono, sigo caminando hasta que la luz desaparece, incluso la luna se ha ido, ahora todo es de noche y la ciudad se ha quedado sin luz, exceso de energía estaba seguro; al parecer Miguel no era el único loco que mantenía la temperatura hasta casi los 15 grados. Con algo de miedo pero más angustia por no encontrar a Miguel sigo caminando entre la penumbra. Curiosamente la temperatura también comienza a bajar, la tierra está loca, fue lo primero que pensé, no hice ningún caso y seguí caminando, la temperatura seguía bajando, ahora extrañaba mi chaqueta que había dejado en casa de Miguel, la temperatura no cesaba de bajar, así como tampoco la angustia por pensar que ahora era la última persona en el mundo. Los mareos regresaron, ya no podía controlar mi cuerpo, me tambaleaba y además moría de frío, la tierra se movía y mis piernas ya no podían soportarlo, caí de rodillas y perdí la conciencia.
Miguel, ¿ya regresaste?, ¡Miguel!
Aquí estoy,
Miguel, no te veo, tuve un sueño horrible. ¡Miguel, ¿por qué no te veo? ¿No ha regresado la luz? ¿Por qué te fuiste? ¿Dónde estás?
No te levantes. Ojalá todo hubiera sido un sueño. Te juro que nunca me fui, eres tú el que se ha intentado ir.

lunes, 11 de julio de 2011

Tu sonrisa.

Juro que no sería justo morir sin probar tus labios. Nunca he deseado nada con tanta intensidad. Estos últimos días, antes de enfermar, he tenido que concentrarme mucho en entender lo que me dices ya que mis ojos sólo logran entender el rojo húmedo de tu sonrisa. No podría morir sin volver a ver tus ojos de niño iluminarse al ser descubiertos haciendo alguna travesura. Sería tremendamente triste no volver a sentir tu respiración en mi cuello. Aún y con todo esto, estoy segura de que no estoy mejorando y algún día leerás esto y sabrás todo lo que me negaste.

martes, 21 de junio de 2011

A ti.

No había entrado al cuarto desde la muerte de Jose. Aún me da un no-sé-qué al escribir su nombre; siempre lo escribía sin acento, tal y como le gustaba pronunciarlo. Si me siento mal tan sólo de escribir su nombre, aún no me explico cómo es que fui a parar a su habitación. Sus libros, sus discos, sus escritos, todo estaba acomodado tal y como él lo había dispuesto la última vez que había estado en su habitación. Si él regresara de algún supuesto largo viaje , se encontraría todo igual pero cubierto por una gruesa capa de polvo.  Recuerdo una vez en que Jose me comentó que la muerta era una ‘perra injusta’. Le sonreí; siempre me daba una risa tonta cuando decía cosas así, de repente. Al preguntarle porque pensaba eso, me respondió con una frase pequeña pero que tenía mucho sentido: Para la vida, para ver, sentir la vida, hay que esperar nueve meses. Sabes que hay vida pero no tienes ni idea de cómo será, que te traerá de nuevo y que cambiará con ella. Para ver la muerte, sólo necesitas un segundo, que en realidad es menos de un segundo, un parpadeo, para verla, sentirla y sufrir por la misma. Yo estaba sufriendo mucho por Jose. Me hacía tanta falta que a veces sentía que no respiraba; me concentraba más en pensar en él, en recordar nuestros momentos, que en vivir. Yo sé que a él no le hubiera gustado eso pero era lo que había. Ése día, en su habitación, fui directamente a su diario. Sabía donde lo tenía pero nunca había sentido curiosidad por leerlo ya que él siempre me contaba todo, incluso detalles que a veces ni yo me atrevía a confiarle pero al ver su sonrisa contándome eso que yo hubiera considerado secreto, sólo mío, yo también revelaba lo incontable hasta hace unos momentos. Él era así de mágico. Me fui directamente hasta la última página, hasta la última vez que había escrito. Fue un jueves, el último día en que nos vimos antes de que partiera a Toluca. Escribió sobre lo mucho que se planeaba divertir en el viaje, lo mucho que me iba a extrañar y lo que pensaba traerme de regalo cuando regresara de su viaje: un disco. Siempre he tenido una gran colección de discos, vinilos, cassettes y demás pero desde que Jose y yo fuimos uno, mi colección triplicó su tamaño. Fui leyendo su diario de atrás hacia adelante, como una historieta japonesa, como una vida en rewind.  El diario comenzaba el día de nuestro primer aniversario. Sonreí al recordar lo jóvenes que éramos y todas las preguntas que teníamos en la cabeza. Con las pocas fuerzas que sentía en las piernas, después de haber estado tanto tiempo sentada, leyendo, me levanté, acomodé el diario sobre el montón de libros que Jose siempre tenía a lado de su cama, me acerqué al tocadiscos, soplé la capa de polvo que había sobre el disco que Jose había dejado puesto [él adoraba dormir con música puesta, por lo que yo siempre era la última en dormir ya que esperaba a que él estuviera dormido, me paraba lentamente de la cama y apagaba el tocadiscos], encendí el aparato y me recosté en su almohada. No noté el instante en que me quedé dormida.

jueves, 9 de junio de 2011

Los puntitos ¿jugamos?

Sentí su voz anestesiada, no, no la de ella, no, era mi voz interior, es que ni eso se merecía. Sus gritos se convirtieron en un chorro a presión de algo caliente que manchaba mi habitación. Era pegajosa, pero se secaba rápido, aunque no tan rápido como el movimiento de las manos, cortando arriba y abajo. Era un movimiento decadente. No, no me siento mal, se lo merecía, si ya lo sé, pero no me importa, ya cállate y déjame en paz.

Aun podía verme, sé que si lo hacía, sus ojos se habían puesto más grandes, ahora podría ver al menos algo blanco y semi – puro en su interior, era su cristalino, jamás había visto ni un gesto de su bondad hasta ese momento, pero ya era tarde. A partir de este punto ya no había vuelta atrás, su garganta ya se había despegado, su lengua colgaba y aunque intentaba gritar ya no podía, pero era mejor, ya no quería seguir oyendo sus putos sonidos huecos, oscuros y sin valor.

Terminé con la garganta y aunque mi primer impulso fue irme hacía su hermoso rostro, me reprimí, igual como lo había hecho antes, igual que como lo había hecho todo el tiempo que estuve a su lado, me reprimí. Me reprimí pero esta vez no paré, no, esta vez sí me lo iba a pasar muy bien, si antes no se había dejado de gritarme que era un puto amargado, ahora si lo haría. Pero dejé su rostro, algo mejor le esperaba cuando todo estuviera terminado.

Le dejé caer al suelo, ya no me importaba más, incluso le empuje con ambas manos, es que ya no podría dejarle esperar, que llegara rápido al suelo era mi única obsesión. Su cabeza casi se desprende del resto de su cuerpo, creo que me había pasado un poco en la garganta, pero que me importa.

Una vez en el suelo me le fui encima, abrí mis piernas y me recosté sobre su vientre, descargue mi ira entonces, la mano derecha ya dolía de tanto subir y bajar el cuchillo, así que cambié de mano, la izquierda no era tan ágil como la mano derecha, pero el objetivo era el mismo, además la derecha ya no podía más. Si había que castigar a alguien no era a mí. Metí y saqué tantas veces el cuchillo que su pecho parecía una hoja lista para jugar timbiriche. La mano derecha contra la mano izquierda. El yo de ayer contra el yo de ahora. Lástima para la derecha, la izquierda ganó. La hoja del juego ya estaba usada, había que continuar en otra parte de ese cuaderno que tenía en el suelo. La mano derecha quería la revancha, yo le dije que no jodiera, ya había sido mucho, aquello ya estaba lleno de hoyos. Pero tienes más hojas me dijo la derecha, entonces miré su brazo izquierdo, tienes razón pensé. El brazo era algo mucho más pequeño, así que fui por un cuchillo mucho más delgado, me arrodille a su derecha y comencé a clavar, a meter y sacar la hoja (cuchilla) llena de sangre. Ya me había fastidiado tanto líquido pegajoso, pero aun así le seguí, la mano derecha merecía su revancha. Terminamos otra hoja lista para jugar timbiriche, pero esta era más pequeña, más delgada, pero aun así jugamos. Esta vez la derecha ganó, quince a diez habían quedado al final. La izquierda inmediatamente replicó y me hizo saber que esto se tenía que solucionar, si no nos vamos a un dos de tres me voy, me dijo y le dije que si era estúpida, cómo se iba a separar de mí y me señalo a la derecha, la cual no tenía reparo de deshacerse de su gemela con tal de quedarse sola conmigo, eres una maldita puta le contesté, pero tenía razón, estaba en sus manos. Así que pensé ahora en donde podíamos volver a jugar timbiriche, la izquierda me señalaba algo, cuando levante la mirada me di cuenta, vi su pierna izquierda. Ya estaba cansado de estar hincado picando y jugando, así que decidí llevarme la pierna hasta la mesa, pero me dio una extrema pereza cargar con todo el cuerpo, así que salí de la habitación y busqué mi hacha. La encontré detrás de unos de mis libros favoritos, aún estaba ahí la nota de compra, aparté la nota y tomé el hacha.

Regresé a la habitación y contemple la hermosura que tenía delante de mío. Aquello me hipnotizaba, me gustaba, me encantaba. Me volví a sentar sobre su vientre pero esta vez mirando a hacía sus pies y comencé. Una, dos, tres, cuatro, cinco veces dejando caer con ira y felicidad el hacha sobre su pierna, no recuerdo cuantas veces lo hice, pero al final lo logré, tenía una pierna para mí solo. La subí a la mesa, pero esta vez antes de dejar la hoja lista para el juego, hable con las manos, muy seriamente les dije que esta sería la última, el que ganara de aquí ganaba de una sola vez. La ansiedad de saber cuáles de las dos ganaría las hizo trabajar con mucho ímpetu y empeño, recuerdo que no tardamos mucho, pero cuando terminamos, teníamos una linda hoja lista para jugar. Ahora si les volví a decir a las manos, está es la última, que gane el mejor. La derecha cada vez hundía con más fuerza el cuchillo y desgarraba más groseramente la pierna, y como no, si iba perdiendo. Al fin el juego terminó. Diecinueve a dieciocho. Ganó la izquierda.

La derecha herida y enojada pidió desahogarse con algo, claro, no te reprimas le dije y sin más miramientos me llevó hasta la rostro. Una vez estando ahí comenzó a pasar sus dedos sobre los labios del cuerpo que estaba en suelo, recorrió el corazón que formaban estos, acarició las comisuras, y roso con suavidad las mejillas, cerró los ojos y volvió a acariciar el rostro por completo. La ternura que sentí fue indescriptible, así que en un arrebato de mis emociones, me arrodillé y acerqué mi cuchillo a sus labios, posé el frío metal sobre ellos hasta llevarlos a la temperatura de la hoja de la cuchilla, retiré el cuchillo y posé mis labios, le besé con ternura, quizás un poco de amor pero con mucha felicidad.

Aquella noche, no solo ganó mi mano izquierda, también lo hizo mi yo de ahora, el otro debe estar desmembrado y con una pierna sobre la mesa. No cabe duda que aquella noche me divertí y terminé con Soledad, sí, con MI soledad.

martes, 31 de mayo de 2011

Dolor.

Llegué justo cuando uno de los perros comenzaba a aullar de dolor. El labrador, más grande y fuerte, clavaba su mandíbula en el pequeño y ya rojizo cuello del bóxer. Ambos perros eran color café y ágiles por lo que tenías que poner tu total atención si querías saber quien había atestado el último golpe y de quien eran los aullidos de dolor. Uno de los espectadores, un niño pequeño, abrazaba fuertemente la falda de su madre y cubría con la misma la mitad de su cara; parecía debatirse entre ver y no ver el encuentro. Un aullido más. El bóxer se había liberado del labrador y lo tenía fuertemente sujeto de una de las piernas delanteras. Ambos jadeaban fuertemente y grandes gotas de saliva caían de sus hocicos. El labrador no sólo era más grande de tamaño, sino que parecía más instruido en esto de pelear por su territorio, por lo que sin mucho esfuerzo logró recuperarse, golpeando con su gran hocico el prácticamente inexistente hocico del bóxer. El bóxer no resistió tal impacto, perjudicado ya de por sí por su condición de bóxer y el impacto dado por el labrador parecía ser el toque final. El bóxer había caído al suelo, sin emitir sonido; había dejado incluso de bufar. Parecía ser el final de la pelea. El labrador le olfateaba la cara, como comprobando que había sido el ganador del encuentro. En eso, se oye un silbido a lo lejos. Todos los presentes giramos las cabezas para ver quien era el causante de tal distracción. El labrador comenzó a mover la colita, agitándola de gusto. Corrió hacia el tipo que silbó, un señor de sombrero, overol y un pequeño revólver Colt Anaconda calibre .44 Magnum. "Nadie se mete con mi manada", dijo. No lo gritó, ni lo dijo en voz baja, simplemente se encargó de que todos los ahí presentes lo escucharan. Apuntó el revólver hacia el bóxer que seguía sin emitir sonido y vació la carga en el perro. El labrador seguía moviendo la cola cuando dio la vuelta a la cuadra junto con el tipo del Colt Anaconda. 

martes, 24 de mayo de 2011

Proteingreidas.

Largas, pesadas e insolentes,

se acumulan formando vida y enfermedad,

gritonas se arrebatan cuando las crea el DNA,

se creen las rubias de la ciudad.


Son las amigas de mis padres,

y las culpables de que ellos no me recuerden más.

Un alemán se los robó en un potro blanco

como siempre lo soñó mamá.


Engreídas colman mi paciencia,

siempre persiguiendo su puto carbón final.

Burlonas e imperiosas,

pero bellas, qué más da.


Cada noche bailan buscando pareja,

aunque de monógamas no tengan nada,

como musulmanes tienen chulos a reventar.


Engreídas colman mi paciencia,

siempre persiguiendo su puto carbón final.

Burlonas e imperiosas,

pero bellas, qué mas da.


domingo, 22 de mayo de 2011

¿Frío o calor?

Estaba seguro de que esta sería la última vez, atrás quedarían el segundero, el maldito minutero y ese hijo de puta que marcaba las horas. No había lugar a dudas, la noche no iba a volver a alcanzarme aquí sentado; llevo un año así, esperando a que la luz venza a la oscuridad que me da cuando las horas caen más lento de lo que lo hace mi paciencia, que aunque ha sido mucha, no es tan infinita como tus ganas de hacerme amanecer.

Dos, tres, cuatro, cinco… cuarenta y tres, cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco… cincuenta y ocho, cincuenta y nueve… de nuevo la manecilla le ha dado la vuelta al mundo, mientras yo, sigo aquí sentado en el sofá: café, sombrío y amargado, porque yo no nunca fui el amargado, siempre lo fue el sofá; por ósmosis no se aprende, pero vaya que si se transmiten: la tristeza, la amargura, la depresión o en mi caso el ser un amargado. ¿No era eso lo que siempre decías, que era un amargado y sin amigos? Bueno, pues hoy te voy a demostrar que no, tomaré la primer llamada que se acerque a mi celular y le diré que si, no me importa si es para cobrarme aquel anillo que ya presumes y no he podido pagar, no me importa, a quien quiera que sea, le invitaré a cenar, así sea: comida, piel, ciencia, filosofía o sólo una buena plática, lo que sea será bueno hoy.

Ah ¿tú también?, ¿es que ni mis cosas me quieren ayudar? Vaya, pero que jodido estoy, ni una llamada que irrumpa con el tenue sonido de mis ojos al parpadear. Pues bien, que le vamos a hacer, no me queda más que seguir aquí sentado, viendo como el azul se va transformando en naranja y después en oscuridad.

Ahí está, por fin, no era un timbre como yo esperaba, pero oírlo vibrar ya era un avance. “Lo siento, que se me ha hecho tarde, Mayra ha llegado de repente y no le he podido decir que no”.

Claro, yo siempre estaba después; ¡ah!, que Mayra, siempre tan oportuna, en verdad, el mundo nunca sabrá cuanto le quiero. O quizás sí, el amor tiene formas misteriosas de manifestarse, a no, ese es dios, bueno no importa, los que dicen esa frase, también dicen que dios es amor, así que no hay error en mi afirmación. En estos momentos se me ocurre una excelente idea de manifestarle mi amor a Mayra. A ver Mayra, que te gusta más, el calor que penetre tus pies y te haga derretir de amor, calentando tu corazón o el frío refrescante del metal en tu yugular, dime, anda, que prefieres Mayra, que ya no aguanto las ganas de demostrarte mi amor. O mejor ya sé, para que decidirse, las decisiones siempre son difíciles, mejor hagamos las dos. ¿Que no te gusta? Hay cuanto lo siento, es que así disfruto yo de demostrarte mi amor.

¡Ya voy!, ¡ya voy! Mierda, tan feliz que era imaginándome a Mayra eufórica por cómo le demuestro mi amor, que no me di cuenta del paso del tiempo, y al parecer a la que siempre espero se digno a llegar. Pero que bonitas horas de… /Que me traje a Mayra, es que no tenía planes y pues, la invité a ir con nosotros, ¿no hay problema verdad?/ ¿Qué si no hay problema? Pues claro que no, yo soy el dios de la paciencia y hoy, aparte de dios soy genio, así que tú sólo pide y te cumplo. /

/Mira, te presento a Mayra. / Pero Mayra mírate, no creí que a tu cuerpo también le afectara la erosión, que bellezas que da la naturaleza eh, solo falta que aparezca la luna, para tener una escena como esas de las caricaturas del oeste, donde de entre dos cerros va naciendo el conejo. / Que te presento a Mayra, me estas escuchando o no,/ perdón, perdón, si claro, es que me quedé pensando. Perdón Mayra, mucho gusto. Por cierto una pregunta, tú qué prefieres ¿el frío o el calor? ¿Y, a ti corazón? Es que aún no me puedo decidir.

sábado, 16 de abril de 2011

Nunca.

Cuándo dejas de querer a alguien? En qué momento deja de parecerte linda su voz? Cuándo dejas de sentir que sus abrazos son los mejores abrazos del mundo? Cuándo deja de ser la persona que mejor te entiende? Cuándo dejas de sentir ese dolor en el estómago cada vez que están juntos? Cuándo se deja de parar el tiempo y dejan de existir los demás cada vez que se miran a los ojos?

miércoles, 23 de marzo de 2011

Lo único bueno del “Zoo” fueron los “osos” que vi.

Era el clamor expresado en sus ojos lo que me hacía pensar en el sufrimiento por el que estaba pasando. Su fuerza es sobre humana, lo cual es normal ya que no es un mamífero “avanzado” como tú o yo. Él no puede leer esto que ahora tú lees o escribir lo que ahora te quiero transmitir. Pero sus ojos valían más que las palabras que ahora pasan por los tuyos.

Era irónico pensar que aquel cuerpo estuviera apresado por unos cuantos barrotes, cuando sus garras y colmillos podrían fácilmente rasgar la piel de cualquiera de esos “seres”, que con sus ojos le seguían desde diferentes ángulos.

Caminaba cual león enjaulado, y aunque no fuera precisamente un león, bien podemos decir que esa expresión puede ser usada para cualquier habitante de esta tierra, si se encuentra en un espacio tan ridículo cómo cuatro metros cuadrados; mi cuarto es más grande que eso y existen veces en que ya no puedo estar ni un puto minuto más dentro.

Ahora este pobre amigo que tiene toda una tierra por recorrer, tienen que rendirse ante solo un par de metros, que el ser llamado “hombre” ha decidido como apto para su hogar, no una temporada, no un día, no unas vacaciones, si no toda su vida.

Al menos tiene compañía, pensé, cuando vi a otro ejemplar como él tendido en una piedra que sobrepasaba mi cabeza. Y quizás si sea su compañero, de vida a lo mejor, por qué dicen que solo en la cárcel se conoce a los buenos amigos, y es que aquello era como una cárcel. Barrotes, sin fecha de liberación, sin investigación y con la prepotencia de un amo que se ha impuesto, por qué se creé el más listo, pues dicen que el hombre es el ser vivo más inteligente, yo ya no lo sé, ¿o es que le gustan las cárceles?

No puedo ni imaginar que delito tan grande pudieron haber cometido aquellos hermanos de planeta para ser condenados a estar metidos ahí, la verdad es que no, no puedo ni imaginar que es lo tan terrible que pudieron hacer. Quizás no hubo delito, quizás solo estuvieron ahí, dónde nadie quiere estar: en el lugar equivocado en el peor momento de su vida.

Quizás esa era la razón por la cual no pude ver los ojos de aquel segundo amigo y es que estaba postrado con los ojos cerrados y con una respiración agitada; por un momento pensé que estaba durmiendo; pero por lo agitado de su respiración y la sonrisa de su rostro pude ver que no era así, en mi mente pude imaginar que quizás aquel ser estaba recordando, llevando su mente a otro lado, por qué el hecho de que no sepamos no es suficiente para decir que no piensan o sienten, no hay excusa para pensar eso. Por eso estaba casi seguro que aquella hembra mantenía su mente en un nivel superior, recordando o imaginando que corría por grandes terrenos, que disfrutaba de un clima que si era el adecuado para vivir, que disponía de la comida que más prefería, es simple, que vivía en aquel lugar de donde nunca la debieron abducir. Cuanto lo lamentaría por ella, cuando tuviera que despertar y darse cuenta de que nada de eso era real.

Se asustan porque un par de personas queden presas en un pequeño lugar, porque un elevador se quede estancado y sus ocupantes no puedan salir, se preocupan de ellos, porque en aquellos espacios tan reducidos suponemos que el hombre, si es que podemos seguir llamándolo hombre, no puede vivir. Pero vamos, démosle alimento y amor por donde se pueda, y entonces qué más da, si es lo mismo que hacemos con nuestros hermanos, porque no podemos hacerlo con nuestra misma especie, de que privilegios gozamos nosotros, no es que acaso todos somos iguales.

martes, 22 de marzo de 2011

La plaza.

Como todos los viernes, a las 3:00 pm estaré sentado en la banca color verde de la plaza. Como todos los viernes, compraré el periódico y fingiré leerlo. Compraré también un poco de pan que intentaré comer pero, al notar que he perdido el apetito, lo arrojaré al suelo para que lo coman las palomas. De camino a la plaza, habré cogido una flor de algún jardín. Estaré, como todos los viernes, casi una hora sentado ahí. Veré niños jugar con pelotas y tropezar, a parejas jurarse amor eterno, a amigos reír y pasear, todo mientras yo sigo fingiendo que leo el periódico. De repente, aparecerás y, como siempre, me pasarás de largo.

miércoles, 16 de marzo de 2011

El amor es liberar.

Dejemos a los muertos, la sangre, el impulso y lo tan increíble que es tener el poder en las manos. Dejemos un rato eso, hoy el escritor no tiene humor para crear muertos, personas que no viven más que en su mente, hoy el escritor quiere tratar de entender por qué Leornardo dice: “el amor es liberar”, quiere captar el mensaje que hay detrás de eso, no cabe duda que si no hubiera pertenencia no habría amor, pero y entonces, ¿por qué el amor es liberar? El autor hoy no entiende eso, quizás se deba a porque es sumamente inseguro, no lo sé, yo no soy el autor, o al menos eso es lo que me gusta pensar.

¿Por qué el autor escribe sobre muertos, sobre asesinatos? Eso es fácil de entender, y es porque en ellos, el autor, quien tiene por evocación al asesino, cuenta con todo el poder en sus manos, tiene el poder de terminar con una vida, de acabar en un momento lo que a alguien le tomó construir por nueve meses; y vaya que eso es poder, por eso al autor le gusta matar, porque ahí el único que manda es él. Pero en el amor, en el amor no puede haber poder, o al menos no para él. Como lo dice Luque, que: “ ni con el gran poder, ni con el gran poder me vas a querer.” Creo que por eso mato, para olvidarme de que no tengo el poder. Y tú, ¿tienes el poder?

miércoles, 9 de marzo de 2011

Tú destino.

Te habría pillado con las manos cruzadas, recostado en tu cama, durmiendo y sin defensa alguna, pero no lo quise así. Podría terminar contigo en este momento, no habría fallas ni problemas, pero no, hoy no; te quiero despierto y sintiendo aquella emoción que tienen lo muertos en vida. Aquella emoción que tanta vida me da. Quizás mañana será, quizás mañana también podría ser después, tu destino es mío, ni de Dios ni del universo, mío. Hoy eres mío y hasta que calles eternamente así lo será.

Debe ser muy triste saberse de pie, pero con la incertidumbre de que en cualquier momento caerás. Sin saber de mí sé que vives creyendo en que eres dueño de ti. Me pasas por delante pensando en que vives decidiendo lo que harás hoy o mañana, pero eso sólo pasa a consecuencia de que no me ves, siempre estoy ahí, pero no me miras, a tu espalda, a tu frente, por debajo, o quizás por arriba, ahí estoy y tú no me miras.

Haz tenido una noche impaciente, tu sueño aunque pobre ha sido constante, te perturban los sucesos, la monotonía te arrastra como río en celo, pero eso no ha sido suficiente, pues te miras al espejo y tus ojos no cuentan aún nada de lo que sucedió, enmudecieron como también lo hizo tu cerebro desde aquel momento en que llegue yo.

martes, 8 de marzo de 2011

Lo que nadie vio.

Te paraste de la cama y me miraste con esa cara tan seria que a veces, sólo en ocasiones malas, pones. Yo te miraba y trataba de entender algo. La verdad es que nunca tuve ni idea. Sólo te seguía. Te admiraba. Tan listo y tan mayor, tonta si no lo escucho, pensaba. Veía como tus labios se movían y como tus manos acompañaban con oscilaciones tus palabras pero algo en mi se había descompuesto, no podía escuchar nada de lo que decías. Comencé a reaccionar en automático: asentía o negaba con la cabeza cada vez que parecía necesario. No recuerdo cuanto tiempo duró la conversación/monólogo. Recuerdo que al final dejaste de hablar y nos miramos durante un largo tiempo. Después nos dimos un breve abrazo, tomaste tu chaqueta, abriste la puerta y saliste sin mirar atrás. Yo me quedé un rato sentada, bastante rato supongo, ya que sólo reaccioné hasta que una mucama tocó la puerta preguntándome si necesitaba algo. No le contesté, simplemente cogí mi chaqueta y, copiándote como siempre lo hacía, me fui sin mirar atrás.

jueves, 3 de marzo de 2011

Cada cabeza es un mundo

La navaja corría suavemente por la garganta de aquel pobre hombre, pero, ¿por qué pobre? Pobre por estar a esa hora en aquel lugar, no lo creo, quien me puede asegurar que aquel hombre no venía de cumplir un asesinato, de golpear a alguien más, ¿quien me lo puede asegurar?, nadie ¿verdad?, en ese caso, que más importa, la sangre ya estaba corriendo por debajo de sus hombros, era oscura, eso ayuda, su sangre era impura; entonces qué más da, matarlo o no matarlo, es mejor terminar con la oscuridad.

Comprendo que lo que hago no es correcto, quizás lo correcto sería averiguar un poco más antes de matarles, pero entonces que caso tiene, la muerte siempre es inesperada, si se le espera, se le pierde el miedo, ¿o no mi querido lector? Apuesto a que si, y no sigas, no me juzgues, no pienses que estoy loco, o bueno si, pero quien no lo está, no me juzgues que puedes seguir tú. Bueno ya, olvidemos este juego en el que hablo contigo, tú solo debes leerme, nada de interacción, es lo que me ha dicho el doctor.

Maldito psicólogo, si no me hubiera dicho: “no te preocupes querido, que ya estás bien, tú no tienes nada, no hay nada malo en tu cabeza”, no le hubiera pasado nada, pero en realidad que tonto estaba. Y como según él no había nada malo en mi cabeza, pensé que quizás todo estaba en la cabeza, pero de él, que lástima, ahí no había nada tampoco. Por eso, ahora me dedico a ir en busca de mis problemas, abriendo la cabeza de los demás. Es divertido, se dice que cada cabeza es un mundo, pero yo no veo tanta diferencia entre todas las cabezas que ya he abierto, así que yo dejaría de seguir diciendo esa aseveración

Pero bueno, dejemos mi hobby para después, ahora hablemos de mi, que estoy seguro has de tener mucha curiosidad en saber quien este loco que te escribe, pues bien, mi nombre no te importa, y te digo eso, porque creo que ni yo recuerdo cual es el nombre que me toca ahorita, son las 10 verdad, creo que sí, bueno, olvidemos el nombre, hablemos de mi, de mi vida, mi vida es complicada, joder creo que todos dicen lo mismo, para todos su vida es complicada, pero en mi caso es cierto, lo juro, o es que acaso tú piensas que es muy común y fácil ir por las noche en busca de una cabeza que abrir, no verdad ¿o sí?, pero la noche no es la complicada, más bien creo que la perra complicada es la mañana. Por las mañana mi trabajo de mierda no hace más que decirme que estoy estancado en un maldito laberinto del que no puedo salir, pero en fin, por las mañana soy un trabajador del departamento postal, todo el puto día viendo cartas y ninguna es para mí, eso realmente es frustrante, siempre pensé que cuando creciera enviaría muchas cartas y todas me serían contestadas, por eso mi sueño siempre fue trabajar en el servicio postal, así sería el primero en recibirlas, pero ahora nada de eso es cierto, bueno, lo único cierto es que trabajo donde quería y siempre envío cartas, pero de las respuestas, nada más no, no hay, como sea yo no los culpo, mis cartas deben ser muy aburridas, pero ya, basta de seguir con ese tema, mejor hablemos de lo que haremos hoy, porque eso es lo único que me motiva, pensar que en la noche continuare mi búsqueda, no quiero decir que me excita porque sonaría enfermo, pero que me importa, si estoy enfermo y lo más seguro es que tú también, o es que nunca has pensado en la idea que tus problemas no son tuyos, es decir, tus problemas no están en tu cabeza, si no en la cabeza de alguien más y es que esos, los "ellos más", son lo que complican tu vida. Yo por eso voy por la vida buscando mis problemas, así los podré detener antes de que salgan y me vengan a joder la vida, tú deberías hacer lo mismo. Imagina un mundo sin problemas, ¿sería genial no? Yo siempre me lo imagino. Sabes, esta plática tan amena contigo me ha hecho sonreír, creo que hoy buscaré en dos cabezas diferentes, espero no encontrarte, me has caído bien y sería una lástima terminar con tus problemas. Por cierto, eso si, eso que traes puesto me enferma, tú decides, te lo quitas o ... ¡te quitamos la cabeza!

miércoles, 2 de marzo de 2011

El sol es raro y la felicidad también.

Miro mi reloj por décima vez en el último minuto. Confirmo que siguen siendo las 4:05am. Sé que a esta hora se despierta Germán, mi vecino de arriba, ya que desde que vivo aquí, hace casi 1 año, él se despierta a las 4:05, enciende su estufa, pone la tetera, silba el "Himno a la alegría" [siempre el puto "Himno a la alegría, aunque sea lunes], se ducha, y silba mientras lo hace, claro, y dando muestras de conocer muy bien a su tetera, sale del baño un minuto antes de que ésta comience a silbar; todo esto lo hace con sus enormes pies del número 14 por lo que cuando no me despierta su silbar me despierta su pisar. Nunca he entendido como alguien tan pequeño calza de un número tan grande. Apuro el cigarrillo. Son las 4:07am y suena su alarma. La apaga inmediatamente y enseguida comienza a silbar. Mi reloj está adelantado, aparentemente. Tal vez, sólo tal vez, siente la misma ansiedad que yo. Toco la puerta. Quisiera ver la cara de sorprendido de Germán.
- ¿Quién llama? dice, entre silbidos.
- Vecino, soy yo. ¿Puedo pasar? Recién llego del trabajo y...
No termino mi frase. Germán, con el corazón inquieto, abre la puerta. Me invita a sentarme y a una taza de té.
- ¿Te gusta el té Woulung? Creo que te serviría para esas ojeras que te cargas.
- Gracias, fue una noche difícil en la redacción...
Ahora yo no termino mi frase. Mientras observo la casa, veo un hermoso florero verde con algunas palabras en chino que desconozco. Germán dice algo que no escucho, sonrío y asiento lentamente. Siempre he pensado que cuando no se tiene nada que decir, sonreír y asentir es la mejor respuesta. Me devuelve la sonrisa y se va a la cocina. Sé porque estoy aquí y no dudo ni un momento de mi misma. Miro mi reloj y son las 4:11am. Sólo un idiota o un muy buen vecino, dejaría que alguien entrara a su casa a esta hora. Tratando de hacer el menor ruido posible, tomo el florero, le retiro los lirios de plástico que tiene dentro y los coloco en la mesilla de la entrada. Son las 4:12am. Puedo sentir como la adrenalina comienza a invadir mi cuerpo, poco a poco hasta llegar a las puntas de mis dedos. Entro a la cocina lentamente. Germán sigue silbando, no me escucha. Levanto el florero por encima de su cabeza y para cuando logra distinguir la sombra del mismo, yo ya lo he golpeado. Bueno, no yo, el florero. El color verde y las letras chinas van desapareciendo para ahora ser cubiertas por un rojo brillante, delicioso. Los silbidos han cesado y en mi cabeza suena Valse de Melody, por lo que ahora no aviento golpes porque sí, sino que estrello el florero contra su cráneo al ritmo de Gainsbourg. No tengo idea de cuantos impactos provoco pero sé que llevo cantando la misma canción decenas de veces. Veo unos cuantos rayos de sol entrando por la ventana. Enciendo mi cigarro con la llama de la estufa donde estaba la tetera. Ya no hay agua en ella así que cojo un guante de cocina, sólo necesito uno porque en la otra mano tengo el hermoso florero rojo, y la quito del fuego. Abro la ventana y miro a la gente pasar. Concuerdo con Serge; el sol es raro. Arrojo la mitad del cigarrillo por la ventana. Vuelvo a pensar que debería dejarlo. Cierro la ventana y camino hacia la puerta por la que había entrado momentos antes. Justo antes de salir,  comienzo a escuchar el puto "Himno a la alegría". Abro los ojos. 4:05am. Buen día Germán, buen día.