miércoles, 23 de marzo de 2011

Lo único bueno del “Zoo” fueron los “osos” que vi.

Era el clamor expresado en sus ojos lo que me hacía pensar en el sufrimiento por el que estaba pasando. Su fuerza es sobre humana, lo cual es normal ya que no es un mamífero “avanzado” como tú o yo. Él no puede leer esto que ahora tú lees o escribir lo que ahora te quiero transmitir. Pero sus ojos valían más que las palabras que ahora pasan por los tuyos.

Era irónico pensar que aquel cuerpo estuviera apresado por unos cuantos barrotes, cuando sus garras y colmillos podrían fácilmente rasgar la piel de cualquiera de esos “seres”, que con sus ojos le seguían desde diferentes ángulos.

Caminaba cual león enjaulado, y aunque no fuera precisamente un león, bien podemos decir que esa expresión puede ser usada para cualquier habitante de esta tierra, si se encuentra en un espacio tan ridículo cómo cuatro metros cuadrados; mi cuarto es más grande que eso y existen veces en que ya no puedo estar ni un puto minuto más dentro.

Ahora este pobre amigo que tiene toda una tierra por recorrer, tienen que rendirse ante solo un par de metros, que el ser llamado “hombre” ha decidido como apto para su hogar, no una temporada, no un día, no unas vacaciones, si no toda su vida.

Al menos tiene compañía, pensé, cuando vi a otro ejemplar como él tendido en una piedra que sobrepasaba mi cabeza. Y quizás si sea su compañero, de vida a lo mejor, por qué dicen que solo en la cárcel se conoce a los buenos amigos, y es que aquello era como una cárcel. Barrotes, sin fecha de liberación, sin investigación y con la prepotencia de un amo que se ha impuesto, por qué se creé el más listo, pues dicen que el hombre es el ser vivo más inteligente, yo ya no lo sé, ¿o es que le gustan las cárceles?

No puedo ni imaginar que delito tan grande pudieron haber cometido aquellos hermanos de planeta para ser condenados a estar metidos ahí, la verdad es que no, no puedo ni imaginar que es lo tan terrible que pudieron hacer. Quizás no hubo delito, quizás solo estuvieron ahí, dónde nadie quiere estar: en el lugar equivocado en el peor momento de su vida.

Quizás esa era la razón por la cual no pude ver los ojos de aquel segundo amigo y es que estaba postrado con los ojos cerrados y con una respiración agitada; por un momento pensé que estaba durmiendo; pero por lo agitado de su respiración y la sonrisa de su rostro pude ver que no era así, en mi mente pude imaginar que quizás aquel ser estaba recordando, llevando su mente a otro lado, por qué el hecho de que no sepamos no es suficiente para decir que no piensan o sienten, no hay excusa para pensar eso. Por eso estaba casi seguro que aquella hembra mantenía su mente en un nivel superior, recordando o imaginando que corría por grandes terrenos, que disfrutaba de un clima que si era el adecuado para vivir, que disponía de la comida que más prefería, es simple, que vivía en aquel lugar de donde nunca la debieron abducir. Cuanto lo lamentaría por ella, cuando tuviera que despertar y darse cuenta de que nada de eso era real.

Se asustan porque un par de personas queden presas en un pequeño lugar, porque un elevador se quede estancado y sus ocupantes no puedan salir, se preocupan de ellos, porque en aquellos espacios tan reducidos suponemos que el hombre, si es que podemos seguir llamándolo hombre, no puede vivir. Pero vamos, démosle alimento y amor por donde se pueda, y entonces qué más da, si es lo mismo que hacemos con nuestros hermanos, porque no podemos hacerlo con nuestra misma especie, de que privilegios gozamos nosotros, no es que acaso todos somos iguales.

martes, 22 de marzo de 2011

La plaza.

Como todos los viernes, a las 3:00 pm estaré sentado en la banca color verde de la plaza. Como todos los viernes, compraré el periódico y fingiré leerlo. Compraré también un poco de pan que intentaré comer pero, al notar que he perdido el apetito, lo arrojaré al suelo para que lo coman las palomas. De camino a la plaza, habré cogido una flor de algún jardín. Estaré, como todos los viernes, casi una hora sentado ahí. Veré niños jugar con pelotas y tropezar, a parejas jurarse amor eterno, a amigos reír y pasear, todo mientras yo sigo fingiendo que leo el periódico. De repente, aparecerás y, como siempre, me pasarás de largo.

miércoles, 16 de marzo de 2011

El amor es liberar.

Dejemos a los muertos, la sangre, el impulso y lo tan increíble que es tener el poder en las manos. Dejemos un rato eso, hoy el escritor no tiene humor para crear muertos, personas que no viven más que en su mente, hoy el escritor quiere tratar de entender por qué Leornardo dice: “el amor es liberar”, quiere captar el mensaje que hay detrás de eso, no cabe duda que si no hubiera pertenencia no habría amor, pero y entonces, ¿por qué el amor es liberar? El autor hoy no entiende eso, quizás se deba a porque es sumamente inseguro, no lo sé, yo no soy el autor, o al menos eso es lo que me gusta pensar.

¿Por qué el autor escribe sobre muertos, sobre asesinatos? Eso es fácil de entender, y es porque en ellos, el autor, quien tiene por evocación al asesino, cuenta con todo el poder en sus manos, tiene el poder de terminar con una vida, de acabar en un momento lo que a alguien le tomó construir por nueve meses; y vaya que eso es poder, por eso al autor le gusta matar, porque ahí el único que manda es él. Pero en el amor, en el amor no puede haber poder, o al menos no para él. Como lo dice Luque, que: “ ni con el gran poder, ni con el gran poder me vas a querer.” Creo que por eso mato, para olvidarme de que no tengo el poder. Y tú, ¿tienes el poder?

miércoles, 9 de marzo de 2011

Tú destino.

Te habría pillado con las manos cruzadas, recostado en tu cama, durmiendo y sin defensa alguna, pero no lo quise así. Podría terminar contigo en este momento, no habría fallas ni problemas, pero no, hoy no; te quiero despierto y sintiendo aquella emoción que tienen lo muertos en vida. Aquella emoción que tanta vida me da. Quizás mañana será, quizás mañana también podría ser después, tu destino es mío, ni de Dios ni del universo, mío. Hoy eres mío y hasta que calles eternamente así lo será.

Debe ser muy triste saberse de pie, pero con la incertidumbre de que en cualquier momento caerás. Sin saber de mí sé que vives creyendo en que eres dueño de ti. Me pasas por delante pensando en que vives decidiendo lo que harás hoy o mañana, pero eso sólo pasa a consecuencia de que no me ves, siempre estoy ahí, pero no me miras, a tu espalda, a tu frente, por debajo, o quizás por arriba, ahí estoy y tú no me miras.

Haz tenido una noche impaciente, tu sueño aunque pobre ha sido constante, te perturban los sucesos, la monotonía te arrastra como río en celo, pero eso no ha sido suficiente, pues te miras al espejo y tus ojos no cuentan aún nada de lo que sucedió, enmudecieron como también lo hizo tu cerebro desde aquel momento en que llegue yo.

martes, 8 de marzo de 2011

Lo que nadie vio.

Te paraste de la cama y me miraste con esa cara tan seria que a veces, sólo en ocasiones malas, pones. Yo te miraba y trataba de entender algo. La verdad es que nunca tuve ni idea. Sólo te seguía. Te admiraba. Tan listo y tan mayor, tonta si no lo escucho, pensaba. Veía como tus labios se movían y como tus manos acompañaban con oscilaciones tus palabras pero algo en mi se había descompuesto, no podía escuchar nada de lo que decías. Comencé a reaccionar en automático: asentía o negaba con la cabeza cada vez que parecía necesario. No recuerdo cuanto tiempo duró la conversación/monólogo. Recuerdo que al final dejaste de hablar y nos miramos durante un largo tiempo. Después nos dimos un breve abrazo, tomaste tu chaqueta, abriste la puerta y saliste sin mirar atrás. Yo me quedé un rato sentada, bastante rato supongo, ya que sólo reaccioné hasta que una mucama tocó la puerta preguntándome si necesitaba algo. No le contesté, simplemente cogí mi chaqueta y, copiándote como siempre lo hacía, me fui sin mirar atrás.

jueves, 3 de marzo de 2011

Cada cabeza es un mundo

La navaja corría suavemente por la garganta de aquel pobre hombre, pero, ¿por qué pobre? Pobre por estar a esa hora en aquel lugar, no lo creo, quien me puede asegurar que aquel hombre no venía de cumplir un asesinato, de golpear a alguien más, ¿quien me lo puede asegurar?, nadie ¿verdad?, en ese caso, que más importa, la sangre ya estaba corriendo por debajo de sus hombros, era oscura, eso ayuda, su sangre era impura; entonces qué más da, matarlo o no matarlo, es mejor terminar con la oscuridad.

Comprendo que lo que hago no es correcto, quizás lo correcto sería averiguar un poco más antes de matarles, pero entonces que caso tiene, la muerte siempre es inesperada, si se le espera, se le pierde el miedo, ¿o no mi querido lector? Apuesto a que si, y no sigas, no me juzgues, no pienses que estoy loco, o bueno si, pero quien no lo está, no me juzgues que puedes seguir tú. Bueno ya, olvidemos este juego en el que hablo contigo, tú solo debes leerme, nada de interacción, es lo que me ha dicho el doctor.

Maldito psicólogo, si no me hubiera dicho: “no te preocupes querido, que ya estás bien, tú no tienes nada, no hay nada malo en tu cabeza”, no le hubiera pasado nada, pero en realidad que tonto estaba. Y como según él no había nada malo en mi cabeza, pensé que quizás todo estaba en la cabeza, pero de él, que lástima, ahí no había nada tampoco. Por eso, ahora me dedico a ir en busca de mis problemas, abriendo la cabeza de los demás. Es divertido, se dice que cada cabeza es un mundo, pero yo no veo tanta diferencia entre todas las cabezas que ya he abierto, así que yo dejaría de seguir diciendo esa aseveración

Pero bueno, dejemos mi hobby para después, ahora hablemos de mi, que estoy seguro has de tener mucha curiosidad en saber quien este loco que te escribe, pues bien, mi nombre no te importa, y te digo eso, porque creo que ni yo recuerdo cual es el nombre que me toca ahorita, son las 10 verdad, creo que sí, bueno, olvidemos el nombre, hablemos de mi, de mi vida, mi vida es complicada, joder creo que todos dicen lo mismo, para todos su vida es complicada, pero en mi caso es cierto, lo juro, o es que acaso tú piensas que es muy común y fácil ir por las noche en busca de una cabeza que abrir, no verdad ¿o sí?, pero la noche no es la complicada, más bien creo que la perra complicada es la mañana. Por las mañana mi trabajo de mierda no hace más que decirme que estoy estancado en un maldito laberinto del que no puedo salir, pero en fin, por las mañana soy un trabajador del departamento postal, todo el puto día viendo cartas y ninguna es para mí, eso realmente es frustrante, siempre pensé que cuando creciera enviaría muchas cartas y todas me serían contestadas, por eso mi sueño siempre fue trabajar en el servicio postal, así sería el primero en recibirlas, pero ahora nada de eso es cierto, bueno, lo único cierto es que trabajo donde quería y siempre envío cartas, pero de las respuestas, nada más no, no hay, como sea yo no los culpo, mis cartas deben ser muy aburridas, pero ya, basta de seguir con ese tema, mejor hablemos de lo que haremos hoy, porque eso es lo único que me motiva, pensar que en la noche continuare mi búsqueda, no quiero decir que me excita porque sonaría enfermo, pero que me importa, si estoy enfermo y lo más seguro es que tú también, o es que nunca has pensado en la idea que tus problemas no son tuyos, es decir, tus problemas no están en tu cabeza, si no en la cabeza de alguien más y es que esos, los "ellos más", son lo que complican tu vida. Yo por eso voy por la vida buscando mis problemas, así los podré detener antes de que salgan y me vengan a joder la vida, tú deberías hacer lo mismo. Imagina un mundo sin problemas, ¿sería genial no? Yo siempre me lo imagino. Sabes, esta plática tan amena contigo me ha hecho sonreír, creo que hoy buscaré en dos cabezas diferentes, espero no encontrarte, me has caído bien y sería una lástima terminar con tus problemas. Por cierto, eso si, eso que traes puesto me enferma, tú decides, te lo quitas o ... ¡te quitamos la cabeza!

miércoles, 2 de marzo de 2011

El sol es raro y la felicidad también.

Miro mi reloj por décima vez en el último minuto. Confirmo que siguen siendo las 4:05am. Sé que a esta hora se despierta Germán, mi vecino de arriba, ya que desde que vivo aquí, hace casi 1 año, él se despierta a las 4:05, enciende su estufa, pone la tetera, silba el "Himno a la alegría" [siempre el puto "Himno a la alegría, aunque sea lunes], se ducha, y silba mientras lo hace, claro, y dando muestras de conocer muy bien a su tetera, sale del baño un minuto antes de que ésta comience a silbar; todo esto lo hace con sus enormes pies del número 14 por lo que cuando no me despierta su silbar me despierta su pisar. Nunca he entendido como alguien tan pequeño calza de un número tan grande. Apuro el cigarrillo. Son las 4:07am y suena su alarma. La apaga inmediatamente y enseguida comienza a silbar. Mi reloj está adelantado, aparentemente. Tal vez, sólo tal vez, siente la misma ansiedad que yo. Toco la puerta. Quisiera ver la cara de sorprendido de Germán.
- ¿Quién llama? dice, entre silbidos.
- Vecino, soy yo. ¿Puedo pasar? Recién llego del trabajo y...
No termino mi frase. Germán, con el corazón inquieto, abre la puerta. Me invita a sentarme y a una taza de té.
- ¿Te gusta el té Woulung? Creo que te serviría para esas ojeras que te cargas.
- Gracias, fue una noche difícil en la redacción...
Ahora yo no termino mi frase. Mientras observo la casa, veo un hermoso florero verde con algunas palabras en chino que desconozco. Germán dice algo que no escucho, sonrío y asiento lentamente. Siempre he pensado que cuando no se tiene nada que decir, sonreír y asentir es la mejor respuesta. Me devuelve la sonrisa y se va a la cocina. Sé porque estoy aquí y no dudo ni un momento de mi misma. Miro mi reloj y son las 4:11am. Sólo un idiota o un muy buen vecino, dejaría que alguien entrara a su casa a esta hora. Tratando de hacer el menor ruido posible, tomo el florero, le retiro los lirios de plástico que tiene dentro y los coloco en la mesilla de la entrada. Son las 4:12am. Puedo sentir como la adrenalina comienza a invadir mi cuerpo, poco a poco hasta llegar a las puntas de mis dedos. Entro a la cocina lentamente. Germán sigue silbando, no me escucha. Levanto el florero por encima de su cabeza y para cuando logra distinguir la sombra del mismo, yo ya lo he golpeado. Bueno, no yo, el florero. El color verde y las letras chinas van desapareciendo para ahora ser cubiertas por un rojo brillante, delicioso. Los silbidos han cesado y en mi cabeza suena Valse de Melody, por lo que ahora no aviento golpes porque sí, sino que estrello el florero contra su cráneo al ritmo de Gainsbourg. No tengo idea de cuantos impactos provoco pero sé que llevo cantando la misma canción decenas de veces. Veo unos cuantos rayos de sol entrando por la ventana. Enciendo mi cigarro con la llama de la estufa donde estaba la tetera. Ya no hay agua en ella así que cojo un guante de cocina, sólo necesito uno porque en la otra mano tengo el hermoso florero rojo, y la quito del fuego. Abro la ventana y miro a la gente pasar. Concuerdo con Serge; el sol es raro. Arrojo la mitad del cigarrillo por la ventana. Vuelvo a pensar que debería dejarlo. Cierro la ventana y camino hacia la puerta por la que había entrado momentos antes. Justo antes de salir,  comienzo a escuchar el puto "Himno a la alegría". Abro los ojos. 4:05am. Buen día Germán, buen día.