viernes, 9 de noviembre de 2012

Cualquiera.

Los testículos le colgaban hacia el lado derecho, hacia donde estaba recostado su cuerpo. No existe algo que le de más asco a Liz que los huevos de avestruz, como ella les llama a los cojones grandes. Pero el tipo era tan bien parecido, que eso no le había disminuido la exitación al momento de llegar a la cama. De hecho, se sonrojó al recordar, le había excitado un poquito. "Será mi primer huevos de avestruz", pensó. Follaron tres o cuatro veces, Liz no lo recordaba. Eso si, no olvidaba como había gritado su nombre y enterrado sus uñas en su espalda, mientras él sonreía con los ojos cerrados. Había sido un buen amante; de todos los que había tenido, lo podía colocar en el Top 10.

Liz sonrió. Quitó un mechón de cabello que cubría la cara del hombre. Se veía tan relajado, tan feliz. Ella deseó que él pudiera abrir los ojos, sólo para poder verlos de nuevo. Negros, grandes y penetrantes. Eran realmente hermosos y eran realmente lo que habían enamorado a Liz. Pidió en voz baja a todas las deidades que conocía que él abriera los ojos, aunque fuera una sola vez más antes de que ella se terminara de vestir y saliera de aquel cuarto de aquel hotel de mala muerte, del centro de la ciudad. Desafortunadamente, como todos los rezos que se les hacen a los dioses, no fue escuchado. Liz se colocó su abrigo negro, se miró en el espejo, se acomodó las gafas y abrió la muerta.

Antes de salir completamente, miró una vez más al hombre. La comisura de sus labios se elevó sólo un poco, suspiró y pensó "Realmente desearía no haberte matado a ti también....". Cerró la puerta y se dirigió al elevador.


viernes, 19 de octubre de 2012

La visita


                Estrellado corro por la acera, camino lento, pero corro por dentro, la lluvia me está por alcanzar, y no quiero mojarme, no quiero mojarme. El enemigo viene con ella, el enemigo está a mi lado, el enemigo está dentro de mí, el enemigo de mi vida, el que rompe los pilares de mi ciudad, el que destruye los edificios desde sus orígenes, desde sus cimientos, soy yo.
               
Pero no puedo correr, no me puedo alejar, a quien quiero engañar, ya no hay marcha atrás. El espiral es delicioso mientras vas cayendo, mientras no piensas en el fin, mientras no cuantificas la caída, mientras no te das cuenta de todo lo que se llegará a romper.

Pero ahora no me importa, necesito regresar, necesito volver a estar ahí. El comienzo es fantástico, ese primer momento en el que sientes la cálida felicidad en tu lengua, el calor en tus labios, el humo que se abre paso por la habitación, a partir de ese momento nada importa todo es bello, todo es esplendor, todo son risas, locura, felicidad. Caminas por donde nunca antes habrías pensado, conoces bosques oscuros y no te da miedo recorrerlos, internarte en ellos; conectas con todo lo que hay a tu alrededor, las flores te hablan, los árboles gritan y tú también lo haces; se vuelen voces de gozo, al unísono todos gritan de placer, del placer de ser libres. Y no quieres que acabe, no quieres salir de ahí, quieres continuar, seguir siendo cómplice de lo que no debería pasar, pero está pasando y mientras no acabe quieres volver a empezar.
Volver a comenzar ese ciclo que ojalá no terminara, que no cayeras. Pero debes aprender a vivir el momento, el presente, no sufras por lo que no tienes, mejor disfruta de lo que tienes enfrente, del manjar que te puedes dar. Amanjes te grita desde dentro, te recuerda que lo que hoy pase ahí se quedará, mañana no recordarás lo que hiciste, tú volverás de este viaje, regresarás a tu casa, pero Amanjes seguirá siempre estando ahí, seguirá siendo siempre ese jugoso y rojo lugar.

Yo hoy viajé a Amanjes y sé que probablemente no pueda vuelva a ir, porque Amanjes es un pueblo caprichoso, pero vamos, que sí Amanjes se muestra, quiero sentir la libertad tan solo una vez más. 




lunes, 1 de octubre de 2012

Amanjes


Con la sabiduría que solo la edad puede proveer, así es Amanjes. Caliente y frío a la vez. Con sus palabras te envuelve, con sus manos te acaricia, con sus besos devora tu ser.
Agitado y nervioso, así es como yo lo conocí. Adentrarse en él es arriesgado, puedes llegar a perderlo todo, quedarte sin nada, pensar que jamás volverás a ser como antes y es la verdad, después de haber visitado Amanjes no hay marcha atrás.
          
Como cada pueblo tiene su encanto, su belleza y su majestuosidad, no mirarle sería una falta total. Largos ríos corren a su alrededor, pastos altos y flores moradas compiten por ser la mejor; sin embargo Amanjes no es de nadie, sus antiguos habitantes lo lastimaron, cortaron sus árboles, quemaron sus rosas, secaron sus ríos y rompieron todo cuanto pudieron, por eso ahora nadie es su dueño, su único dueño es él; él y la felicidad que te provoca tocar sus tierras, caminar por sus veredas, comer de sus frutos que de sabrosos la palabra no alcanza. Por eso aunque seas extranjero, si de Amanjes llegas a saber debes visitarlo, que sepas que no podrás llegar a ser más que un visitante, un gustoso visitantes de pueblos, de pueblos hermosos como Amanjes.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Lonely.


Y te ahogas. Y sientes que nadie en el mundo piensa como tú. Y te sientes solo, pero solo de verdad. Te sientes atrapado en un cuarto de 2x2 metros, oscuro y frío. Y oyes voces, voces que no te importan porque hablan de banalidades que a ti no te interesan. Y no hay música, porque algo tan hermoso no puede existir en un lugar así. Y, pese a que hay letras, sólo escribes palabras que te hacen sentir peor.

miércoles, 25 de abril de 2012

Son preciosos nuestros besos.

Como ese beso que me diste en aquel segundo o cuarto piso, mientras la Gran Vía nos miraba atónitos. O ese otro que di mientras el Peine de los Vientos zumbaba a nuestras espaldas. O ese último abrazo que compartimos mientras sonaba algo de La Habitación Roja en mi cabeza, en aquel hotel de mala muerte en el centro del DF. De todas esas formas, aunque seguramente más y mejor, nos habríamos querido si tan sólo no hubiera tomado el metro ese día.

viernes, 20 de abril de 2012

Mi amor de largos brazos


              Oscuro, solo, cansado y arrinconado en el fondo de este inmenso cuarto, golpeo el piso con mi pie izquierdo, hago ruido para que alguien se asome pero no pasa nada. Sigo pensado, el tiempo pasa pero no sé que día es, no recuerdo cuando fue la ultima vez que vi el sol, que respiré aire puro, que dormí bajo el árbol que cuida mi sueño, que descansé bajo la protección de tus largos brazos. No tengo hambre, no recuerdo cuando fue la última vez que comí, pero no me importa, no tengo hambre, sed quizás, aunque el sabor a hierro de mis labios rotos ha alimentado y saciado mi necesidad de líquidos, mis labios ya no sienten, pero entre más muerdo menos sed tengo.
                Por fin alguien se acerca, golpea mi puerta y aunque no entiendo lo que dice me hace salir, un frio sube por mis pies; la luz no me deja ver quien ha sido mi salvador. Por fin el sol vuelve a tocar mi piel oscura, aunque mi corazón se encuentre más pálido que nunca. Pienso en que he sido liberado, pienso en que por fin regresare con mi amor de largos brazos, pienso en que el hombre no puede ser tan malo.
            Entro a un túnel, mi salvador me detiene y me hace quedarme quieto, ya no puedo avanzar, balbucea algo pero no puedo entender nada, por más que quiero no puedo entender. El tiempo pasa y aunque mi esperanza es pequeña, creo que todo saldrá; de pronto mi salvador me hace avanzar, el túnel es largo y yo no tengo muchas fuerzas, pero para salir tengo que caminar; al final veo de nuevo luz, aun hay esperanza pienso, aún hay salvación, animado por la luz que solo puede ser buena, por la alegría de regresar a mi árbol y con mi amor de largos brazos comienzo a caminar más fuerte, más rápido, más feliz.
               Salgo a la luz y noto la felicidad de los que ahí me miran, todos están eufóricos, todos gritan cosas que no entiendo, pero todos están felices; me miran y gritan, me señalan y gritan y yo solo quiero seguir, saltar de felicidad, soy libre y el hombre es feliz.
              A lo lejos veo salir a una persona, los presenten gritan a un más y con esa euforia hacen perderme, pienso en lo felices que somos yo y los que están ahí, pierdo la noción de lo que pasa y solo enfoco mi mirada en la sonrisa de los niños, de los viejos y de los adultos, en la felicidad que ahora nos embarga.               
             Cuando menos me doy cuenta aquel hombre está a mi lado, un calor me invade, algo brilla como un segundo sol, algo inunda mis pies de miel rojiza, un mar se desborda y ahora entiendo, que la felicidad de aquellos que me miran significa la perdición de la mía. Adiós árbol, adiós amor de largos brazos. 

miércoles, 15 de febrero de 2012

Entiendes?

Caí al suelo, como esa ceniza odiosa que no cae en el cenicero. Dije cosas estúpidas, como esa canción que no tiene sentido pero rima. Te besé distantemente, como ese recuerdo de aquella primera noche de invierno. Escribo cosas inconexas porque espero que leas entrelíneas.

viernes, 6 de enero de 2012

Piedras y guisantes.

En todas las esquinas encuentro potenciales amores de mi vida. Todos me rompen el corazón y yo los mando a la mierda. De ninguno me enamoro de verdad, sólo juego. Por primera vez, me enamoré de todos. Me entregué sólo en cuerpo, no en alma. Los dejé entrar por mi cuerpo, hacia mi alma. Los olvido a todos, por iguales. No te olvido a ti ni un puto instante.