Como ese beso que me diste en aquel segundo o cuarto piso, mientras la Gran Vía nos miraba atónitos. O ese otro que di mientras el Peine de los Vientos zumbaba a nuestras espaldas. O ese último abrazo que compartimos mientras sonaba algo de La Habitación Roja en mi cabeza, en aquel hotel de mala muerte en el centro del DF. De todas esas formas, aunque seguramente más y mejor, nos habríamos querido si tan sólo no hubiera tomado el metro ese día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario