miércoles, 25 de abril de 2012

Son preciosos nuestros besos.

Como ese beso que me diste en aquel segundo o cuarto piso, mientras la Gran Vía nos miraba atónitos. O ese otro que di mientras el Peine de los Vientos zumbaba a nuestras espaldas. O ese último abrazo que compartimos mientras sonaba algo de La Habitación Roja en mi cabeza, en aquel hotel de mala muerte en el centro del DF. De todas esas formas, aunque seguramente más y mejor, nos habríamos querido si tan sólo no hubiera tomado el metro ese día.

viernes, 20 de abril de 2012

Mi amor de largos brazos


              Oscuro, solo, cansado y arrinconado en el fondo de este inmenso cuarto, golpeo el piso con mi pie izquierdo, hago ruido para que alguien se asome pero no pasa nada. Sigo pensado, el tiempo pasa pero no sé que día es, no recuerdo cuando fue la ultima vez que vi el sol, que respiré aire puro, que dormí bajo el árbol que cuida mi sueño, que descansé bajo la protección de tus largos brazos. No tengo hambre, no recuerdo cuando fue la última vez que comí, pero no me importa, no tengo hambre, sed quizás, aunque el sabor a hierro de mis labios rotos ha alimentado y saciado mi necesidad de líquidos, mis labios ya no sienten, pero entre más muerdo menos sed tengo.
                Por fin alguien se acerca, golpea mi puerta y aunque no entiendo lo que dice me hace salir, un frio sube por mis pies; la luz no me deja ver quien ha sido mi salvador. Por fin el sol vuelve a tocar mi piel oscura, aunque mi corazón se encuentre más pálido que nunca. Pienso en que he sido liberado, pienso en que por fin regresare con mi amor de largos brazos, pienso en que el hombre no puede ser tan malo.
            Entro a un túnel, mi salvador me detiene y me hace quedarme quieto, ya no puedo avanzar, balbucea algo pero no puedo entender nada, por más que quiero no puedo entender. El tiempo pasa y aunque mi esperanza es pequeña, creo que todo saldrá; de pronto mi salvador me hace avanzar, el túnel es largo y yo no tengo muchas fuerzas, pero para salir tengo que caminar; al final veo de nuevo luz, aun hay esperanza pienso, aún hay salvación, animado por la luz que solo puede ser buena, por la alegría de regresar a mi árbol y con mi amor de largos brazos comienzo a caminar más fuerte, más rápido, más feliz.
               Salgo a la luz y noto la felicidad de los que ahí me miran, todos están eufóricos, todos gritan cosas que no entiendo, pero todos están felices; me miran y gritan, me señalan y gritan y yo solo quiero seguir, saltar de felicidad, soy libre y el hombre es feliz.
              A lo lejos veo salir a una persona, los presenten gritan a un más y con esa euforia hacen perderme, pienso en lo felices que somos yo y los que están ahí, pierdo la noción de lo que pasa y solo enfoco mi mirada en la sonrisa de los niños, de los viejos y de los adultos, en la felicidad que ahora nos embarga.               
             Cuando menos me doy cuenta aquel hombre está a mi lado, un calor me invade, algo brilla como un segundo sol, algo inunda mis pies de miel rojiza, un mar se desborda y ahora entiendo, que la felicidad de aquellos que me miran significa la perdición de la mía. Adiós árbol, adiós amor de largos brazos.