lunes, 1 de octubre de 2012

Amanjes


Con la sabiduría que solo la edad puede proveer, así es Amanjes. Caliente y frío a la vez. Con sus palabras te envuelve, con sus manos te acaricia, con sus besos devora tu ser.
Agitado y nervioso, así es como yo lo conocí. Adentrarse en él es arriesgado, puedes llegar a perderlo todo, quedarte sin nada, pensar que jamás volverás a ser como antes y es la verdad, después de haber visitado Amanjes no hay marcha atrás.
          
Como cada pueblo tiene su encanto, su belleza y su majestuosidad, no mirarle sería una falta total. Largos ríos corren a su alrededor, pastos altos y flores moradas compiten por ser la mejor; sin embargo Amanjes no es de nadie, sus antiguos habitantes lo lastimaron, cortaron sus árboles, quemaron sus rosas, secaron sus ríos y rompieron todo cuanto pudieron, por eso ahora nadie es su dueño, su único dueño es él; él y la felicidad que te provoca tocar sus tierras, caminar por sus veredas, comer de sus frutos que de sabrosos la palabra no alcanza. Por eso aunque seas extranjero, si de Amanjes llegas a saber debes visitarlo, que sepas que no podrás llegar a ser más que un visitante, un gustoso visitantes de pueblos, de pueblos hermosos como Amanjes.

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