martes, 8 de marzo de 2011

Lo que nadie vio.

Te paraste de la cama y me miraste con esa cara tan seria que a veces, sólo en ocasiones malas, pones. Yo te miraba y trataba de entender algo. La verdad es que nunca tuve ni idea. Sólo te seguía. Te admiraba. Tan listo y tan mayor, tonta si no lo escucho, pensaba. Veía como tus labios se movían y como tus manos acompañaban con oscilaciones tus palabras pero algo en mi se había descompuesto, no podía escuchar nada de lo que decías. Comencé a reaccionar en automático: asentía o negaba con la cabeza cada vez que parecía necesario. No recuerdo cuanto tiempo duró la conversación/monólogo. Recuerdo que al final dejaste de hablar y nos miramos durante un largo tiempo. Después nos dimos un breve abrazo, tomaste tu chaqueta, abriste la puerta y saliste sin mirar atrás. Yo me quedé un rato sentada, bastante rato supongo, ya que sólo reaccioné hasta que una mucama tocó la puerta preguntándome si necesitaba algo. No le contesté, simplemente cogí mi chaqueta y, copiándote como siempre lo hacía, me fui sin mirar atrás.

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