Te habría pillado con las manos cruzadas, recostado en tu cama, durmiendo y sin defensa alguna, pero no lo quise así. Podría terminar contigo en este momento, no habría fallas ni problemas, pero no, hoy no; te quiero despierto y sintiendo aquella emoción que tienen lo muertos en vida. Aquella emoción que tanta vida me da. Quizás mañana será, quizás mañana también podría ser después, tu destino es mío, ni de Dios ni del universo, mío. Hoy eres mío y hasta que calles eternamente así lo será.
Debe ser muy triste saberse de pie, pero con la incertidumbre de que en cualquier momento caerás. Sin saber de mí sé que vives creyendo en que eres dueño de ti. Me pasas por delante pensando en que vives decidiendo lo que harás hoy o mañana, pero eso sólo pasa a consecuencia de que no me ves, siempre estoy ahí, pero no me miras, a tu espalda, a tu frente, por debajo, o quizás por arriba, ahí estoy y tú no me miras.
Haz tenido una noche impaciente, tu sueño aunque pobre ha sido constante, te perturban los sucesos, la monotonía te arrastra como río en celo, pero eso no ha sido suficiente, pues te miras al espejo y tus ojos no cuentan aún nada de lo que sucedió, enmudecieron como también lo hizo tu cerebro desde aquel momento en que llegue yo.
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