viernes, 28 de junio de 2013
Cuéntame cosas tuyas.
Quiero ver fotografías tuyas de cuando eras un crío. Medir la cantidad de inocencia que han perdido y la sabiduría que han ganado. Comparar aquel cabello despeinado de niño travieso con la canosa cabellera de hombre aventurero de ahora.
Quiero que me cuentes sobre el primer libro que leíste. La soledad que sentiste cuando pasaste la última página y te diste cuenta de que no tenías a nadie con quien hablar del universo que acababas de abandonar.
Quiero saber sobre cómo aprendiste a andar en bicicleta. ¿Te empujo tu padre, como lo hizo el mío, y te dijo que pedalearas para luego, sin más, soltarte? ¿Lograste balancearte a la primera o te caíste varias veces, como yo?
sábado, 13 de abril de 2013
Faded nail marks on pale tighs.
Fui al centro de la ciudad con el propósito de cortarme el cabello y terminé hundida en una seria depresión. El centro ya no es lo que era. El lugar donde pasamos tantas noches divertidas, creyendo que la ciudad era nuestra, se encuentra cerrado desde tiempo. El lugar donde nos sentamos por horas, mientras el rocío del lago artificial empapaba nuestros cabellos lacios ahora se encuentra lleno de graffitis y hippies con rastas pidiendo dinero.
El principal problema es que no sólo la ciudad se transformó, sino que ambos cambiamos. Pese a que antes, sin importar el nivel de ebriedad en el que me encontrara, podía caminar por esas empedradas y jodidas banquetas, sin tropezarme, hoy casi me rompo la madre en varias ocasiones.
Y es que me encuentro en una situación bien estúpida; para nada te extraño, pero echo de menos tener a alguien que me acompañe como solías hacerlo tú. Extraño a alguien a quien mostrarle mi música, alguien con quien meter cervezas de contrabando en el cine y reírnos de todos.
Extraño tus besos y sentir tu sonrisa en mis labios y el choque de nuestros lentes al besarnos. Extraño que me cantes canciones pero sobre todo extraño tus abrazos. Me pregunto si alguna vez alguien me abrazara como lo hacías tú, como si la vida se te fuera por los brazos, como si no quisieras soltarme nunca. Quisiera sentirme igual de feliz que cuando tus brazos me rodeaban. Quiero que los brazos de otra persona me rodeen con ese impetú. Quiero abrazos que duren más de 5 segundos y que signifiquen más que un saludo amistoso.
If you want a bit of love put your head on my shoulder, is cool.
viernes, 9 de noviembre de 2012
Cualquiera.
Los testículos le colgaban hacia el lado derecho, hacia donde estaba recostado su cuerpo. No existe algo que le de más asco a Liz que los huevos de avestruz, como ella les llama a los cojones grandes. Pero el tipo era tan bien parecido, que eso no le había disminuido la exitación al momento de llegar a la cama. De hecho, se sonrojó al recordar, le había excitado un poquito. "Será mi primer huevos de avestruz", pensó. Follaron tres o cuatro veces, Liz no lo recordaba. Eso si, no olvidaba como había gritado su nombre y enterrado sus uñas en su espalda, mientras él sonreía con los ojos cerrados. Había sido un buen amante; de todos los que había tenido, lo podía colocar en el Top 10.
Liz sonrió. Quitó un mechón de cabello que cubría la cara del hombre. Se veía tan relajado, tan feliz. Ella deseó que él pudiera abrir los ojos, sólo para poder verlos de nuevo. Negros, grandes y penetrantes. Eran realmente hermosos y eran realmente lo que habían enamorado a Liz. Pidió en voz baja a todas las deidades que conocía que él abriera los ojos, aunque fuera una sola vez más antes de que ella se terminara de vestir y saliera de aquel cuarto de aquel hotel de mala muerte, del centro de la ciudad. Desafortunadamente, como todos los rezos que se les hacen a los dioses, no fue escuchado. Liz se colocó su abrigo negro, se miró en el espejo, se acomodó las gafas y abrió la muerta.
Antes de salir completamente, miró una vez más al hombre. La comisura de sus labios se elevó sólo un poco, suspiró y pensó "Realmente desearía no haberte matado a ti también....". Cerró la puerta y se dirigió al elevador.
Liz sonrió. Quitó un mechón de cabello que cubría la cara del hombre. Se veía tan relajado, tan feliz. Ella deseó que él pudiera abrir los ojos, sólo para poder verlos de nuevo. Negros, grandes y penetrantes. Eran realmente hermosos y eran realmente lo que habían enamorado a Liz. Pidió en voz baja a todas las deidades que conocía que él abriera los ojos, aunque fuera una sola vez más antes de que ella se terminara de vestir y saliera de aquel cuarto de aquel hotel de mala muerte, del centro de la ciudad. Desafortunadamente, como todos los rezos que se les hacen a los dioses, no fue escuchado. Liz se colocó su abrigo negro, se miró en el espejo, se acomodó las gafas y abrió la muerta.
Antes de salir completamente, miró una vez más al hombre. La comisura de sus labios se elevó sólo un poco, suspiró y pensó "Realmente desearía no haberte matado a ti también....". Cerró la puerta y se dirigió al elevador.
viernes, 19 de octubre de 2012
La visita
Estrellado
corro por la acera, camino lento, pero corro por dentro, la lluvia me está por
alcanzar, y no quiero mojarme, no quiero mojarme. El enemigo viene con ella, el
enemigo está a mi lado, el enemigo está dentro de mí, el enemigo de mi vida, el
que rompe los pilares de mi ciudad, el que destruye los edificios desde sus
orígenes, desde sus cimientos, soy yo.
Pero no puedo
correr, no me puedo alejar, a quien quiero engañar, ya no hay marcha atrás. El
espiral es delicioso mientras vas cayendo, mientras no piensas en el fin,
mientras no cuantificas la caída, mientras no te das cuenta de todo lo que se
llegará a romper.
Pero ahora no
me importa, necesito regresar, necesito volver a estar ahí. El comienzo es
fantástico, ese primer momento en el que sientes la cálida felicidad en tu
lengua, el calor en tus labios, el humo que se abre paso por la habitación, a
partir de ese momento nada importa todo es bello, todo es esplendor, todo son
risas, locura, felicidad. Caminas por donde nunca antes habrías pensado,
conoces bosques oscuros y no te da miedo recorrerlos, internarte en ellos;
conectas con todo lo que hay a tu alrededor, las flores te hablan, los árboles
gritan y tú también lo haces; se vuelen voces de gozo, al unísono todos gritan
de placer, del placer de ser libres. Y no quieres que acabe, no quieres salir
de ahí, quieres continuar, seguir siendo cómplice de lo que no debería pasar,
pero está pasando y mientras no acabe quieres volver a empezar.
Volver a
comenzar ese ciclo que ojalá no terminara, que no cayeras. Pero debes aprender
a vivir el momento, el presente, no sufras por lo que no tienes, mejor disfruta
de lo que tienes enfrente, del manjar que te puedes dar. Amanjes te grita desde
dentro, te recuerda que lo que hoy pase ahí se quedará, mañana no recordarás lo
que hiciste, tú volverás de este viaje, regresarás a tu casa, pero Amanjes seguirá siempre estando ahí, seguirá siendo siempre ese jugoso y rojo lugar.
Yo hoy viajé a Amanjes y sé que probablemente no pueda vuelva a ir, porque Amanjes es un pueblo caprichoso, pero vamos, que sí Amanjes se muestra, quiero sentir la libertad tan solo una vez más.
lunes, 1 de octubre de 2012
Amanjes
Con la sabiduría que solo la edad
puede proveer, así es Amanjes. Caliente y frío a la vez. Con sus palabras te
envuelve, con sus manos te acaricia, con sus besos devora tu ser.
Agitado y nervioso, así es como
yo lo conocí. Adentrarse en él es arriesgado, puedes llegar a perderlo todo,
quedarte sin nada, pensar que jamás volverás a ser como antes y es la verdad, después
de haber visitado Amanjes no hay marcha atrás.
Como
cada pueblo tiene su encanto, su belleza y su majestuosidad, no mirarle sería
una falta total. Largos ríos corren a su alrededor, pastos altos y flores
moradas compiten por ser la mejor; sin embargo Amanjes no es de nadie, sus antiguos
habitantes lo lastimaron, cortaron sus árboles, quemaron sus rosas, secaron sus
ríos y rompieron todo cuanto pudieron, por eso ahora nadie es su dueño, su
único dueño es él; él y la felicidad que te provoca tocar sus tierras, caminar
por sus veredas, comer de sus frutos que de sabrosos la palabra no alcanza. Por
eso aunque seas extranjero, si de Amanjes llegas a saber debes visitarlo, que
sepas que no podrás llegar a ser más que un visitante, un gustoso visitantes de pueblos,
de pueblos hermosos como Amanjes.
domingo, 2 de septiembre de 2012
Lonely.
Y te
ahogas. Y sientes que nadie en el mundo piensa como tú. Y te sientes solo, pero
solo de verdad. Te sientes atrapado en un cuarto de 2x2 metros, oscuro y frío.
Y oyes voces, voces que no te importan porque hablan de banalidades que a ti no
te interesan. Y no hay música, porque algo tan hermoso no puede existir en un
lugar así. Y, pese a que hay letras, sólo escribes palabras que te hacen sentir
peor.
miércoles, 25 de abril de 2012
Son preciosos nuestros besos.
Como ese beso que me diste en aquel segundo o cuarto piso, mientras la Gran Vía nos miraba atónitos. O ese otro que di mientras el Peine de los Vientos zumbaba a nuestras espaldas. O ese último abrazo que compartimos mientras sonaba algo de La Habitación Roja en mi cabeza, en aquel hotel de mala muerte en el centro del DF. De todas esas formas, aunque seguramente más y mejor, nos habríamos querido si tan sólo no hubiera tomado el metro ese día.
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