Y te
ahogas. Y sientes que nadie en el mundo piensa como tú. Y te sientes solo, pero
solo de verdad. Te sientes atrapado en un cuarto de 2x2 metros, oscuro y frío.
Y oyes voces, voces que no te importan porque hablan de banalidades que a ti no
te interesan. Y no hay música, porque algo tan hermoso no puede existir en un
lugar así. Y, pese a que hay letras, sólo escribes palabras que te hacen sentir
peor.
domingo, 2 de septiembre de 2012
miércoles, 25 de abril de 2012
Son preciosos nuestros besos.
Como ese beso que me diste en aquel segundo o cuarto piso, mientras la Gran Vía nos miraba atónitos. O ese otro que di mientras el Peine de los Vientos zumbaba a nuestras espaldas. O ese último abrazo que compartimos mientras sonaba algo de La Habitación Roja en mi cabeza, en aquel hotel de mala muerte en el centro del DF. De todas esas formas, aunque seguramente más y mejor, nos habríamos querido si tan sólo no hubiera tomado el metro ese día.
viernes, 20 de abril de 2012
Mi amor de largos brazos
Oscuro, solo, cansado y
arrinconado en el fondo de este inmenso cuarto, golpeo el piso con mi pie
izquierdo, hago ruido para que alguien se asome pero no pasa nada. Sigo
pensado, el tiempo pasa pero no sé que día es, no recuerdo cuando fue la ultima
vez que vi el sol, que respiré aire puro, que dormí bajo el árbol que cuida mi
sueño, que descansé bajo la protección de tus largos brazos. No tengo hambre,
no recuerdo cuando fue la última vez que comí, pero no me importa, no tengo
hambre, sed quizás, aunque el sabor a hierro de mis labios rotos ha alimentado
y saciado mi necesidad de líquidos, mis labios ya no sienten, pero entre más
muerdo menos sed tengo.
Por
fin alguien se acerca, golpea mi puerta y aunque no entiendo lo que dice me
hace salir, un frio sube por mis pies; la luz no me deja ver quien ha sido mi
salvador. Por fin el sol vuelve a tocar mi piel oscura, aunque mi corazón se
encuentre más pálido que nunca. Pienso en que he sido liberado, pienso en que
por fin regresare con mi amor de largos brazos, pienso en que el hombre no
puede ser tan malo.
Entro
a un túnel, mi salvador me detiene y me hace quedarme quieto, ya no puedo
avanzar, balbucea algo pero no puedo entender nada, por más que quiero no puedo
entender. El tiempo pasa y aunque mi esperanza es pequeña, creo que todo
saldrá; de pronto mi salvador me hace avanzar, el túnel es largo y yo no tengo
muchas fuerzas, pero para salir tengo que caminar; al final veo de nuevo luz,
aun hay esperanza pienso, aún hay salvación, animado por la luz que solo puede
ser buena, por la alegría de regresar a mi árbol y con mi amor de largos brazos
comienzo a caminar más fuerte, más rápido, más feliz.
Salgo
a la luz y noto la felicidad de los que ahí me miran, todos están eufóricos,
todos gritan cosas que no entiendo, pero todos están felices; me miran y
gritan, me señalan y gritan y yo solo quiero seguir, saltar de felicidad, soy
libre y el hombre es feliz.
A
lo lejos veo salir a una persona, los presenten gritan a un más y con esa
euforia hacen perderme, pienso en lo felices que somos yo y los que están ahí,
pierdo la noción de lo que pasa y solo enfoco mi mirada en la sonrisa de los
niños, de los viejos y de los adultos, en la felicidad que ahora nos embarga.
Cuando
menos me doy cuenta aquel hombre está a mi lado, un calor me invade, algo
brilla como un segundo sol, algo inunda mis pies de miel rojiza, un mar se desborda y
ahora entiendo, que la felicidad de aquellos que me miran significa la
perdición de la mía. Adiós árbol, adiós amor de largos brazos.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Entiendes?
Caí al suelo, como esa ceniza odiosa que no cae en el cenicero. Dije cosas estúpidas, como esa canción que no tiene sentido pero rima. Te besé distantemente, como ese recuerdo de aquella primera noche de invierno. Escribo cosas inconexas porque espero que leas entrelíneas.
viernes, 6 de enero de 2012
Piedras y guisantes.
En todas las esquinas encuentro potenciales amores de mi vida. Todos me rompen el corazón y yo los mando a la mierda. De ninguno me enamoro de verdad, sólo juego. Por primera vez, me enamoré de todos. Me entregué sólo en cuerpo, no en alma. Los dejé entrar por mi cuerpo, hacia mi alma. Los olvido a todos, por iguales. No te olvido a ti ni un puto instante.
sábado, 24 de diciembre de 2011
Par
Parten,
todos parten,
ahora o
adelante, pero todos parten.
tus
mejillas rosadas, tus ojos siempre fieles a tus sentimientos,
no dan
piedad a mi corazón,
no quiero
verte llorar así.
Después
serás tú, después seré yo,
vamos hacia
adelante.
Las sonrisas,
las escenas, las comidas,
todas quedan
en el centro del pecho,
pero los
sentimientos, la amistad, esa va más adentro.
Mis ojos
miran tu pesar,
sabemos el
por que,
las despedidas
jamás nos sentaron bien.
Pero no nos
despidamos, se volverán a ver.
Así como
ahora yo veo tu rostro,
Este rostro
que se parece más al de un niño que no encuentra la mano de su hermano,
que al rostro
de un hombre que de pie,
mira el
avión alejarse de él.
lunes, 15 de agosto de 2011
Intento...
– Querido, que si ya volviste.
– Si, ya, pero espérame, que me tengo que ir.
– ¿Otra vez?
– Lo siento, pero ya regreso, no me tardo.
Hace frío, afuera están muriendo de calor, cincuenta grados al parecer, supongo que el año que vienen será peor, no lo sé, yo mientras aquí me muero de frío, y ¿por qué? Simple, porque a Miguel se le ha ocurrido bajar la temperatura hasta casi los 15 grados, insisto en que es una barbaridad, pero hazlo entender, es más fácil que yo vaya y saque la chaqueta guardada por el verano, a que Miguel me entienda que la temperatura es demasiado baja.
Ya llevo quince minutos aquí esperando y nada de que regrese, a veces me desespera el hecho de que me tenga esperando aquí, no me gusta esperar, supongo que a nadie le gusta hacerlo, o ¿habrá a alguien que si?, a mí no, y estoy seguro de que a él tampoco.
Miguel camina lento, el calor lo deshace, como a cantaros sale sudor de su cuerpo, cada paso se hace más pesado que el otro, cada movimiento se vuelve más fastidioso y asfixiante que el anterior. Camina solo hacia la cocina, camina y en el camino su cuerpo se va perdiendo, hasta que al mirar hacia el pasillo, él había desparecido.
Pues que tanto está haciendo que no regresa, me caga que me tengan esperando, no lo soporto, me doy vueltas en el sofá, enciendo y apago el televisor, cambio el canal y nada, cuando algo me desespera ya no hay nada que lo pueda calmar hasta que no me deshaga de ello. Y sigue sin aparecer. Mi ritmo cardiaco se altera, mi calor también lo hace, tengo que quitarme la chaqueta porque ahora lo que no soporto es el calor, mis ojos se abren y corre más sangre por mis piernas y brazos. ¡Maldición, no regresa!
Miguel no regresa. Ya casi es una hora, ya me fastidie de esperar, voy a salir. Me pongo los zapatos y camino hacia la puerta. Llegar a aquella puerta me provoca un nudo en la garganta, siento un mareo y pienso en volver, pero el enojo puede más conmigo. Abro y siento como una brisa me saluda diciéndome: “hola, estás en el infierno”, el rostro me arde, en general mi piel siente el cambios y mis ojos no se pueden abrir. Motivado por el enojo sigo adelante, le patio está solo, camino hacia la cocina y lo mismo, sola, voy hacia la sala y nada cambia, me han dejado solo. Abro la puerta de la calle y ya familiarizado con la tierna temperatura no la tomo en cuenta y salgo, en la calle nadie, un sentimiento de ser el único hombre en la tierra ataca mi cerebro, pero lo desecho, eso es una tontería.
Motivado por el enojo convertido ahora en angustia camino hacia la casa de los demás, sigo estando solo. De pronto comienzo a ver como la luna se asoma y me hace una sonrisa, inexplicablemente la noche se acerca, no entiendo, pero tampoco lo cuestiono, sigo caminando hasta que la luz desaparece, incluso la luna se ha ido, ahora todo es de noche y la ciudad se ha quedado sin luz, exceso de energía estaba seguro; al parecer Miguel no era el único loco que mantenía la temperatura hasta casi los 15 grados. Con algo de miedo pero más angustia por no encontrar a Miguel sigo caminando entre la penumbra. Curiosamente la temperatura también comienza a bajar, la tierra está loca, fue lo primero que pensé, no hice ningún caso y seguí caminando, la temperatura seguía bajando, ahora extrañaba mi chaqueta que había dejado en casa de Miguel, la temperatura no cesaba de bajar, así como tampoco la angustia por pensar que ahora era la última persona en el mundo. Los mareos regresaron, ya no podía controlar mi cuerpo, me tambaleaba y además moría de frío, la tierra se movía y mis piernas ya no podían soportarlo, caí de rodillas y perdí la conciencia.
– Miguel, ¿ya regresaste?, ¡Miguel!
– Aquí estoy,
– Miguel, no te veo, tuve un sueño horrible. ¡Miguel, ¿por qué no te veo? ¿No ha regresado la luz? ¿Por qué te fuiste? ¿Dónde estás?
– No te levantes. Ojalá todo hubiera sido un sueño. Te juro que nunca me fui, eres tú el que se ha intentado ir.
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